Sube los escalones de dos en dos hasta llegar a la puerta de su dormitorio. Aún en su pelo lleva el aroma del pasto húmedo en el cual retozó su cuerpo a medio vestir junto al cuerpo de ese hombre que le plació hasta la punta de los dedos.
Sube de dos en dos y llena de energía da giros y giros como una bailarina escapada de una caja musical. No hacen falta acordes ni cuerda, la energía le llena y la sacude hasta dar saltos y emitir gritos en el pasillo antes de entrar a su dormitorio.
Da un profundo respiro y una sonrisa se le escapa hasta mover su cabeza en un eterno vaivén mareador y sabroso. Abre su puerta y de un salto llega a su cama. Huele y huele sus brazos, sus manos, sus pechos, su ropa, tratando de encontrar el olor a humedad que quedó del cuerpo de aquel. Si pudiera encogerse más aún olfatearía su sexo pero como no puede, pasa sus manos y comienza a saborear en su boca el sabor de lo que fue, una noche estertora y caliente de sentidos despiertos como hacía tanto no había experimentado.
Poco a poco va dejando su búsqueda frenética y la tranquilidad empieza a invadir su cuerpo. Mira hacia el techo y la penumbra fria de la noche le avisa que el calor pegajoso ha pasado y la humedad comienza a enfriar. Siente su cuerpo frìo otra vez, tal como antes y su venas dejan de latir.
Se levanta de su cama y se desnuda. Coge un cepillo y lo pasa por sobre sus cabellos, retirando la paja que ha quedado del momento y comienza a alisarlo con contemplación.
Se acerca lentamente a su espejo que calza toda la pared frente a su cama y baja la mirada observando sus pies pálidos y frios que le sostienen desnuda sobre la alfombra azul.

Adivina la posición de su espejo y cuando ya imagina estar frente a el, lentamente levanta su mirada buscando la forma de su cuerpo... y no la encuentra. Busca sus piernas, su vientre, sus pechos, su rostro y nada aparece. Entonces su mano pasa otra vez por sobre sus labios, intentando ver si acaso el movimiento se refleja, pero nada. Solo consigue limpiar la humedad de sus labios y antes de limpiarse mira su mano húmeda y roja. Vuelve a saborear ese color hasta su última gota y cierra los ojos.
Levanta sus ropas sucias de sangre desde el piso y las deja dentro de un cajón en la que las guarda no sin antes terminar de olerlas.
Se aleja del espejo y se acerca a su ventana. El frio le hace temblar mirando la noche que hace rato, hace meses, hace años, es el único paisaje que observa cada vez que despierta.
Ha sido una noche placentera. Ha vibrado con aquel que le prometió amarla para siempre y que no pudo esperar a tocarla y desearla, que le bastó el pasto del parque para amarla, húmedo por la noche, aún así sirvió de alfombra para tenerla con todo su cuerpo.
Ella y su naturaleza respondieron. Con vehemencia, con lujuria. Entregándose entera y pidiendo todo y más.
Ella en medio de su orgasmo no pudo contener el deseo y la sed y sus dientes se clavaron en él, reteniéndolo como a un pequeño ciervo. Succionando con avidez la sangre que palpitaba más que nunca en su cuello prendido en el deseo.
Una, dos, tres y más succiones. Hasta quedar extenuada.
Ahora contempla su recuerdo reciente con ternura. La pasión ha enfriado.
Descansará apenas lleguen a su ventana los rayos de la mortal mañana y se cubrirá de noche, mientras llega la noche.
Espera tener tanta suerte como esta noche.

2 comentarios:
que bueno q estes escribiendo seguido y con buenos relatos como estos...
salu2 srta
pop life
Ejale!!!! buen tema para el relato... de hecho, quedé muy sorprendida!!!
Qué pluma Luna, se nota que te estás chasconeando jajajaajaja
Cariños!
Publicar un comentario