Oficio mi cuerpo al lado del tuyo,
las sábanas frías me hacen dudar si acaso esta noche habrá un encendido eléctrico en mi piel.
Me miras a los ojos y buscas mi boca con tu lengua y tus labios, haciendo ese gesto que sabes, sabes muy bien me provoca, me encorva la espalda, me suaviza la caricia y me acelera el respira. Tu sabes muy bien como hacer ese gesto.

La sábana no se en que momento ya se entibió y tal como tu sabes tus manos comienzan calientes a cubrirme en caricias toda la espalda. Levanto mi cabeza y plazco solo las caricias, tu aliento que me busca un beso mojado y tus piernas que buscan perderse en las mías.
Me giro y en ese movimiento que es como un regalo solo para mí me empujas suavemente con tus caderas duras y ritmicas en el vaivén de un baile cálido y seductor.
No puedo frenar mas el no tener tu aliento frente a mi, el no tener tu lengua enredada en la mia, el no tener tu vientre quemante en el mío, el no tener tu rostro que me sabe a embriagado, a borracho a ido cuando te entregas con todos tus sentidos a mi.
Me vuelvo en vuelo y busco nuevamente tu beso que ya no le basta mi boca. Buscan mis pechos, mi cuello, mi rostro y mientras tanto yo busco tu elemento. Me entrego a él y un gemido ahogado lo estiro al techo y ya no se donde están las sábanas, ni el frío del invierno, ni la humedad del lugar.
Bailo sobre tu cuerpo apretando entre todo lo que pueda tener, tu regalo que me regala regalos.
Olfateo tu piel, deliro con tu olor y tu humedad fogosa y me estrello con lava que hemos creado entre lo que queda de la cama.
Luego me entrego a ti y dejo que hagas lo que quieras, yo ahora me voy en vuelo hacia el nacimiento del sol... por un rato.



