Ambos se reunen como si fuera todos los días, pero no lo es. Ambos se entregan a tarde anochecida con una actuación de quienes aman con cobardía, con ojos tuertos y hacen que nada ha pasado y como que otra tarde llega para ser comida con un trozo de pan y un café.
Ambos se preguntan como fue el día mientras miran la espuma del café, sabiendo ambos que quieren hurguetear en el otro si acaso hay una pizca de pesar por que ya no es como antes.
Ella fue al cine, una buena película le comenta, sí, italiana, finales de los sesenta, un hermano fascista y el otro comunista, un drama pero tambien una comedia. "Mi hermano es hijo único".
Pero no le cuenta la tristeza que le invadió caminar las calles solas hasta el cine, extrañando su mano bajo su poncho y su caminar guiando el de ella. No le contó que se avergonzó de sentarse sola ante la gran pantalla gris comiendo el maní dulce que tragaba como si fueran granos de hielo con aristas heladas e hirientes. No le contó que la mitad del guión entró en su cabeza convencida de ser un buen argumento pero que la otra mitad estuvo desvariada pensando en lo que pasa.
Y tu como estas. Bien pero con alguno pequeños problemas, le contesta. Mientras dibuja en un papel algo importante y señala que es más importante su trabajo sobre la hoja que contarle el porqué de sus pequeñas tonteras.
Ella quiere insistir pero recuerda que aun cuando se hacen los tuertos en una cotidiana tarde anochecida que de cotidiana nada tiene, se traga su derecho a saber que le pasa recordando que ya no es como antes.
Avanza la tarde y el pregunta si acaso debe partir a su casa. Ella responde que sí. Que le dejará en la puerta de su casa, que nada costará llevarlo en el auto.
Avanzan por el corto espacio mientras en la radio ella es sorprendida en la banda sonora que ha escogido para su ida sola al cine. Un tema nostálgico, rayero, tristón.
Quedan detenidos ante la puerta que los separará otra noche y el enciende su tercer cigarro de ese momento.
Ella lo mira con ganas de besar su boca, de contenerle los ojos para que la miren solo a ella, de abrir sus brazos para sentir ese calor de su cuerpo ancho y goloso sobre su espalda. Mierda, sí que ha hecho frío en la cama estas noches desde que el ya no está.
El fuma y de su humilde promesa dice que ya no sucederá mas, que esta vez lo controlará. Y cree que todo puede girar porque su frase ha salido como siempre, tan humana, tan creíble. Y su cabeza lo cree, su corazón.
Ella sabe que lo mismo sucederá. Ya sabe lo que es caer en la decepción, en el miedo, en el abandono, en creer otra vez para otra vez no creer.
Afuera llueve y la banda sonora cae en un tema que el quiere repetir. Apreta el botón y lo busca de nuevo, "Déjame decirte algo" . ¿Lo has escuchado? dice el. Ella miente y dice que sí. Entonces no sabe si su intención quizas fue que el tema fuera importante para el momento o bien fue un recuerdo personal.
Ambos se despiden y mientras ella vuelve a su fria cama sube el volumen del tema y hurguetea entre la letra alguna señal.

¿Y mañana?
Ninguno dijo si habrá una tarde tuerta con un café al menos.
Queda de él promesa de que ahorá sí ya no mas.
Ella sabe que el no podrá.




